Carmelo Fazio
Tanatólogo clínico y educativo

 

Tanatología: Del origen griego thanatos (muerte)
y logos (estudio o tratado) 

Consciencia: La consciencia es la
capacidad del ser humano
para percibir la realidad y
reconocerse en ella.

 

Tanatología y consciencia, un binomio que debería ser imprescindible al hablar del ser humano en los procesos emocionales derivados de una pérdida. Desde temprana edad como seres humanos logramos entender que la muerte es irreversible y natural, sin embargo, parece que la mente logra maquillar esa información para engañar los sentidos y sumergirnos en un océano de incertidumbre caracterizado por la irreal necesidad de permanecer. La tanatología consciente se propone ser como el salvavidas en ese océano de incertidumbre y miedos, llevando al doliente a flote, ayudando a señalar una salida segura a una playa de aguas mansas. 

Foto de Fabiano Rodrigues

Los duelos se definen como una respuesta de nuestra psique a una situación que se percibe como una pérdida, personas, objetos, ideales o metas. El concepto clave en un proceso de duelo es aceptar para adaptarse. Adaptarse a un cambio es un reto para cualquier ser dotado de vida, aunque sea implícito en cada uno como una característica natural, llega a sacudir al ser a todos los niveles (el emocional, el físico y el espiritual).

Esa sacudida es percibida por el ser como dolor, angustia, disforia, que al no ser atendida puede desbordar en sufrimiento crónico acompañado de patologías más o menos graves tales como depresión, episodios de ansiedad, esquizofrenia, trastorno límite de la personalidad, síndrome de burnout (en el caso del cuidador principal) y hasta intento suicida, entre otros. 

Pero ¿Qué es ese dolor que a veces llega a percibirse desgarrador? ¿Qué es lo que duele? Y sobre todo ¿De dónde proviene? 

El dolor en un duelo tiene como raíz una percepción, esa percepción que amenaza la integridad de la idea de sí que cada individuo se ha fabricado a lo largo de su existencia. En psicología esa percepción de sí se denomina el yo, necesidad de identificarse como un “alguien” que, en mi opinión, tiene su nacimiento en el vientre materno y que nunca termina de moldearse hasta la resolución última, la muerte. 

Esa característica psicológica, tiene como peculiaridad el poder de preservarse a sí misma, llegando a cegar al sujeto que la “padece” a posibles vías alternas de pensamiento y de resolución. Aquí es dónde el tanatólogo interviene para guiar al doliente a su propia resolución y a la adaptación al cambio proponiendo otras formas de enfrentar el proceso ajenas al sufrimiento. El proceso puede que dure un tiempo, un tiempo indefinido, lleno de retos y de “caídas” además de aprendizaje evolutivo y logros hermosos. 

Se preguntarán, ¿Qué tiene de tan diferente y especial el termino consciencia y a que se refiere? 

Ser consciente, como lo decíamos en la definición al inicio del artículo, es percibir la REALIDAD para RECONOCERSE en ella y quiero agregar, RECONOCERSE como un ser “sintiente” y cambiante. Al entender que no solo somos seres de pura materia, podemos reconocer la existencia de la mente como una fuente generadora de la realidad y ese reconocimiento hace que la consciencia se refleje en un ser capaz de enfrentar los cambios sin la necesidad de experimentar sufrimiento y rigidez.

En ese marco resulta bastante obvio que el dolor no es estrictamente inevitable o necesario para enfrentar una situación adversa, ciertamente no lo es el sufrimiento. Un duelo no solo se sufre, un duelo no es una enfermedad o una desgracia mucho menos una injusticia y definitivamente no es un castigo divino que se genera de una cierta culpa.

Un duelo es un proceso de cambio que al ser bien enfocado le permite a quien lo atraviesa adquirir mucho conocimiento sobre sí mismo y la vida, un duelo puede hacernos crecer y aprender nuevas herramientas que al ser dominadas se pueden enseñar a los demás. 

Con esa última frase venimos a otro concepto importante en la tanatología consciente que es, lo que percibes de ti y de la vida que vives, lo enseñas. Eso si es prácticamente inevitable, al percibir una situación la juzgamos de buena o mala, la defendemos o la atacamos, la compartimos a los demás y la reforzamos.

Ahora bien, el proceso de duelo se ha definido de muchas maneras y se ha intentado desglosar en “fases” en algunos enfoques o resumido en “tareas” en otros, lo cierto es que, al experimentar una situación de cambio significativo, pasan toda una serie de “cosas” que al analizarlas resultan muy lógicas y consecuentes. Existen diferentes tipos de duelo que se caracterizan por una cierta respuesta específica, por ejemplo, el duelo congelado, el duelo complicado y el patológico, el desautorizado y el ambiguo entre otros. En el ambiente medico el duelo que más podemos encontrar es el anticipado, en el momento de recibir un diagnóstico adverso, el paciente comienza de inmediato su proceso de adaptación al cambio.

El proceso tiene, la gran mayoría de las veces un inicio impactante, ej. al recibir una noticia difícil, un diagnóstico adverso, un hecho traumático etc. el sujeto experimenta un estado de shock, que puede durar de unos minutos a unas horas, a veces días, se piensa que eso es uno de los primeros mecanismos de defensa de la mente, hay una desconexión temporal, parcial o total de las funciones motoras, una sensación de sobrecogimiento paralizante. Al bajar de intensidad el shock inicial, el sujeto puede experimentar una negación, otro de los mecanismos de defensa que en el mejor escenario puede durar unos días, aunque a lo largo de los primeros meses puede presentarse de una forma más o menos frecuente, sobre todo al despertar en la mañana o también en momentos aislados en el trascurso del día. A continuación, el sujeto en duelo puede experimentar episodios de ira generalizada o dirigida hacia alguien en específico ej. con el personal de la salud en el caso de fallecimiento de un familiar en hospital. La ira se puede seguir manifestando a lo largo del duelo en los siguientes meses y en algunos casos sigue con el sujeto por años, al no ser atendida. En una sociedad católica, cristiana o creyente en alguna divinidad resulta bastante común el querer negociar con la misma la resolución, más cómoda, para el sujeto que va a fallecer y para la familia. Me atrevo a decir que México está parcialmente estancado en esa actitud, una actitud de negociación constante que limita mucho una resolución sana que, a veces complica el duelo. La negociación habla de una situación de parcial pasividad ante el hecho y ante la vida misma, pedir resolución a un ente superior ofreciendo algo a cambio y no recibirlo puede generar un gran sentimiento de injusticia y de frustración. 

Aquí el tanatólogo consciente sabe que el sujeto en duelo necesita hacer frente a la verdad, una verdad incómoda, aceptar que lo que ha pasado no se puede cambiar. El guía dirige a la persona hacia ese momento de contacto con la realidad y la sensación de ausencia. Aquí la experiencia es subjetiva y muy íntima, caracterizada por diferentes “sube y baja” emocionales y aparentes recaídas en la ira o negación. 

Se cree que el duelo se ha resuelto de forma satisfactoria cuando el sujeto logra platicar del hecho o de la persona fallecida sin tener un episodio de llanto desbordante aparentando serenidad. 

Es importante decir que no hay un tiempo ideal de resolución del proceso de duelo, sin embargo, es bastante obvio que, si un sujeto después de muchos años aun no logra hacer memoria del hecho sin tener una crisis de llanto, no ha superado el hecho de forma sana y muy probablemente estará experimentando el llamado duelo crónico o patológico. 

El enfoque de tanatología consciente se basa en la creencia de que el dolor no es de considerar como un maestro o algo indispensable, gran parte de la tanatología convencional se rige sobre la creencia de que una situación percibida como complicada o dolorosa es digna de mayor significado. Numerosas publicaciones de tanatología hablan de la importancia de un camino complicado y de cómo la adversidad hace que un sujeto crezca y se desarrolle como fuerte y resiliente, mientras que el nuevo enfoque consciente trae consigo un concepto completamente opuesto. El valor que me doy como ser humano es directamente proporcional al tipo de experiencias que vivo, como las interpreto y las padezco, por ende, a mayor valor menos sufrimiento. La fórmula convencional y mayormente aceptada de que más dolor es igual a más valor hunde a la sociedad en una resignación y lucha interna constantes, trayendo como consecuencia directa una gran falta de responsabilidad emocional y limitantes en el desarrollo sociocultural. 

En conclusión, el reto de la tanatología consciente es grande y sumamente estimulante, traer el conocimiento del proceso de duelo a todas las áreas sociales, desde fomentar la implementación de la tanatología como materia de estudio en la educación básica, a la formación de personal de la salud preparado para enfrentar las crisis emocionales con los pacientes en fase terminal y los familiares, la atención integral y estructurada en cuidados paliativos a abrir espacios de difusión cada vez más influyentes como televisoras, radios, congresos y publicaciones como esta. 

No me queda más que agradecer al lector y a quien hizo posible ese artículo y despedirme con un sentido de satisfacción profundo. 

 

Contacto: Tanatólogo Carmelo Fazio
Facebook: Tanatólogo Carmelo Fazio
33 12 62 6000 carmelotanatologo@outlook.com