¿Lo negativo es negativo en sí mismo? ¿Podemos integrar de una manera consciente lo que consideramos negativo, en nuestro día a día, para dar un sentido a nuestra vida? El sesgo de negatividad es una adaptación evolutiva que nos ayudó a sobrevivir hace cientos de miles de años, pero ¿por qué nos hace la vida más difícil cada día?

En laboratorio se ha comprobado que la información negativa produce una estimulación más intensa en el celebro. Los investigadores afirman que esta reacción más intensa del celebro a un estímulo negativo la desarrollaron nuestros ancestros cuando debían escapar de los peligros. El cerebro ha evolucionado para estar más en sintonía con los sucesos y experiencias negativas y poder recordarlos más fácilmente, como forma de ayudarnos a evitar el peligro y protegernos. 

Pero hoy en día no debemos escapar de predadores, vivimos en lugares acogedores, tenemos cualquier tipo de alimentos a nuestro alcance, sin embargo, seguimos pensando más en lo negativo que en lo positivo.

La historia personal de cada ser humano empieza en una situación negativa, el nacer. En este momento experimentamos la primera perdida de nuestra vida: el ambiente acogedor del útero materno. De allí en adelante la existencia humana se vuele un devenir de apegos/perdidas, una oposición entre lo positivo y lo negativo.

 Con negativo aludimos a la inversa de lo positivo. Si con realización positiva designamos el encuentro con el objeto, la vivencia en que se satisfacen nuestros deseos, con realización negativa aludimos a la experiencia emocional indicadora de una ausencia, una falta, un estorbo, un retardo, una interrupción por referencia a una satisfacción (ilusoriamente) posible. (1)

Si reflexionamos conscientemente sobre lo su dicho nos damos cuenta de que experimentar las pérdidas y, por consecuencias, sus relativas emociones negativas es un hecho inevitable en la existencia. Sigmund Freud, con “Duelo y Melancolía” (2), fue el primero en elaborar una teoría del duelo clara y sólida. Afirmaba que el sufrimiento de la persona en duelo es debido a su apego interno con el objeto perdido. En este trabajo Freud también sostenía el objetivo del duelo es separar estos sentimientos y apegos del objeto. Como resultado de un proceso de duelo el yo queda liberado de sus antiguos apegos y disponible para vincularse de nuevo con los objetos del deseo. 

Entonces ¿es posible dar sentido a una existencia que en substancia se reduce a unas secuencias de perdidas dolorosas?  

Para el filósofo francés Albert Camus, no, la vida no tiene ningún sentido.

No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. 

― Albert Camus, El mito de Sísifo

Camus se cuestiona sobre el sentimiento que nos despoja del deseo de vivir. No es un secreto que todos en algún momento nos sentimos superados por la vida y no la comprendemos. De alguna manera, nos sobrepasa la inutilidad del sufrimiento, siendo inevitable cuestionarse si la vida vale la pena o no. Tenemos que vivir sabiendo que nuestros esfuerzos son en gran medida inútiles, nuestras vidas serán pronto olvidadas. Somos como Sísifo, la figura griega condenada por los dioses a rodar una roca por una montaña hasta la cima, y verla caer de nuevo por su propio peso, repitiendo esto a perpetuidad.

Es un hecho que a veces nada está claro y todo es caos, aunque intentemos imponer orden en la existencia y busquemos respuestas a preguntas incontestables. Vemos al mundo como un inmenso valle de lágrimas, irracional, y, si bien todos queremos comprenderlo desesperadamente, nadie comprende el significado de la multitud de pérdidas que experimentamos en la vida.

Afortunadamente hoy en día las teorías del duelo de muchos autores no tienen la connotación negativa de Camus y afirman que es posible elaborar el duelo (lo negativo) y encontrar un sentido positivo hasta en una situación dolorosa, sin embargo, el duelo y el sufrimiento derivado de la pérdida del objeto del deseo no son iguales en todo el mundo. 

La cultura de un país, con sus ideales cívicos, religiosos y morales, es un factor relevante que hay que tener en cuenta en la comprensión de los duelos de una determinada sociedad. Será diferente la elaboración del duelo de una persona que vive en Oriente, de un estadounidense o de un latinoamericano. Desde la infancia somos moldeados por las creencias de nuestros cuidadores, ellos nos transmiten cuentos, rituales, valores e ideas que aprendieron en su niñez e hicieron propios; todo este equipaje cultural se vuelve quiénes somos y como reaccionamos en la vida.

En una sociedad siempre más frenética, hedonista y consumista, como en la que vivimos, es imprescindible sufrir por la pérdida de algo deseado porqué desde niños nos apegamos a muchas más cosas y personas respecto a nuestros antepasados. La posibilidad de tener una vida más larga gracias a los avances médicos y las mejores condiciones de vida en sentido económico, nos llevan a una compulsiva pulsión hacia el deseo. Y más deseamos, más perdimos, más sufrimos. Lo negativo se ha vuelto una constante en nuestra sociedad, y la creciente demanda de terapias psicológicas nos corrobora este hecho. Se podría hablar de un duelo moderno, donde queremos todo sin perderlo, hasta no queremos perder nuestra existencia, como si la muerte fuera un hecho que se pueda evitar para no sufrir la perdida más grande: la vida.

Si nos apegamos tanto a la vida y tratamos de engañar a la muerte ¿por qué no logramos aceptar que la vida conlleva lo negativo? Por qué lo negativo nos produce sufrimiento, el duelo es una emoción que nos paraliza, nos deja bloqueados de repente, llega como una tormenta que pone en caos nuestra vida.

J.William Worden, psiquiatra americano, es el mayor referente en el tratamiento del duelo; en su libro EL TRATAMIENTO DEL DUELO.ASESORAMIENTO PSICOLÓGICO Y TERAPIA (3) propone un modelo por tareas en lugar de por etapas, siendo la persona responsable de su propio proceso y relegando a un segundo lugar los efectos derivados del paso del tiempo. Las tareas del duelo de William Worden configuran una renovación acerca de los procesos de duelo. El duelo ha sido concebido como un proceso dividido en etapas por las que la persona envuelta en algún tipo de pérdida debía de transitar. La concepción del duelo por etapas da a los dolientes un papel pasivo, teniendo este posicionamiento consecuencias importantes para el desarrollo de duelos complicados.

Con frecuencia, un proceso de pérdida va asociado a un periodo de duelo. El hecho de referirse al duelo como un proceso por etapas en lugar de tareas reduce la implicación de la persona, que de alguna manera entiende que los resultados del proceso son, en buena medida, resultado del propio paso del tiempo.

Frente a esta Worden elabora una serie de etapas que los individuos transitan como agentes activos en su propio proceso el cual conduce a la elaboración de duelos sanos y a la prevención de la cronificación del proceso de duelo.

Ni siquiera las transiciones más positivas en la vida están libres de perdidas: desde el ascenso en el puesto de trabajo que implica la pérdida del puesto de trabajo anterior, hasta ser padres, cuando debe dejarse atrás una vida con menos responsabilidades.

En general, las pérdidas del ser humano en la sociedad actual pueden catalogarse de la siguiente forma:

  • Pérdidas mismamente debido al fallecimiento de una persona querida
  •  Disminución de la funcionalidad. Traducida como pérdidas relacionadas con la salud física y/o mental
  • Pérdidas relacionadas con el puesto laboral y, por tanto, pérdidas relacionadas con uno de los roles que se ejercían en la vida diaria
  • Daños provocados por las guerras y/o desastres naturales
  • Robo de objetos preciados
  • Separaciones de pareja, divorcios

 Este papel activo de la persona no es contrario a la idea de que elaborar un duelo es un proceso que necesita tiempo. En el proceso de las 4 tareas del duelo Worden habla mayormente de la pérdida de un ser querido, pero el proceso se puede adaptar a cualquier tipo de pérdida.

TAREA 1: ACEPTAR LA REALIDAD DE LA PÉRDIDA.

Esta primera tarea es fundamental para poder continuar realizando el proceso de duelo. Aun si la muerte era esperada, como en casos de una enfermedad terminal, en el primer instante surge la sensación de que no se cierto, pero se resuelve al tiempo.

Por ello, la primera tarea del duelo es afrontar esa realidad de que la persona está muerta, se ha ido y no volverá. Además, se debe asumir que no habrá un reencuentro, al menos no en esta vida. Sin embargo, en esta fase, prevalece una conducta de búsqueda.

Algunas personas pueden quedarse bloqueadas en esta primera tarea por un tiempo y la negación puede tomar varias formas y niveles, pero fundamentalmente se basa en negar la realidad o el significado irreversible de la pérdida.

Algunas personas pueden sufrir una distorsión o un engaño; según Worden, algunas personas que sufren llegan a la “momificación”, es decir, a guardar las posesiones del fallecido en un estado momificado, preparadas como para cuando retorne.

Es frecuente que muchos padres que han perdido a un hijo conserven la habitación tal como estaba antes de la muerte. Aunque no es algo extraño a corto plazo, sí puede continuar por muchos años.

Otro ejemplo de distorsión en cuando la persona ve al fallecido personificado en uno de sus hijos, lo cual le ayuda a amortiguar la intensidad de la pérdida, pero esto solo dificulta la aceptación de la realidad.

En otros casos, la persona doliente puede negar el significado de la pérdida, con afirmaciones tales como “no era un buen padre”, “no estábamos tan unidos” o “no lo extraño”.

En estas situaciones, las personas se deshacen de las ropas y artículos de la persona fallecida. Acabar con todos los recuerdos es lo opuesto a la “momificación” y tiende a minimizar la pérdida.

Este primer paso de aceptar la pérdida es tan importante para poder avanzar. Aceptar la pérdida puede llevar tiempo, ya que no solo implica una aceptación a nivel intelectual, sino también emocional, la persona puede ser consciente intelectualmente de la finalidad de la pérdida, pero las emociones pueden tomar más tiempo para aceptar la información como verdadera.

TAREA 2: ELABORAR EL DOLOR DE LA PÉRDIDA

El autor hace referencia al dolor físico y emocional que muchas personas experimentan tras una pérdida significativa, por lo que resulta importante reconocer los sentimientos y no evitarlos. Lo más recomendable es sentir el dolor plenamente y saber que un día pasará.

Para explicar mejor las tareas del duelo de William Worden, el autor recurre a una palabra alemana “Schmerz”, con la que hace referencia a un dolor que se define de forma más amplia y que incluye el dolor físico y literal que muchas personas experimentan, acompañado dolor emocional y conductual. Para Worden, es necesario reconocer y trabajar ese dolor, puesto que, de lo contrario, este se manifestará mediante síntomas o conductas disfuncionales.

Asimismo, recalca que cualquier cosa que suprima o evita ese dolor solo hace que se prolongue más el curso del duelo. Muchas veces la interacción con la sociedad hace más difícil este paso, pues la sociedad se incomoda con los sentimientos de quien sufre un duelo. Abandonarse al dolor es considerado como algo insano, mórbido o desmoralizador.

De hecho, lo que socialmente se espera de un buen amigo es que distraiga a la persona que sufre del dolor. Por ello, la persona puede llegar a hacer un cortocircuito en esta fase y negar el dolor que está presente, entorpeciendo el proceso de duelo.

Algunas personas, idealizan a la persona fallecida, evitan cualquier cosa que les recuerde a esa persona, usan alcohol u otras drogas para abstenerse de cumplir con esta tarea del duelo.

TAREA 3: ADAPTARSE A UN MUNDO SIN EL FALLECIDO

Llevar a cabo esta tarea implica hacer diferentes cosas, en función del doliente y la relación que tenía con la persona fallecida. Pues, no es lo mismo cuando fallece un amigo, un padre, un hijo o una pareja. En efecto, puede darse que el superviviente nunca haya sido consciente de los roles que desempeñaba la persona que ahora ha fallecido, sino que lo descubra tiempo después de la pérdida.

Esto lleva a muchos supervivientes a resentirse por tener que desarrollar nuevas habilidades o asumir roles que antes desempeñaba la persona fallecida.

En estas situaciones, la estrategia de afrontamiento es la de redefinir la pérdida de una forma que pueda ir en beneficio del superviviente para que se complete la tercera tarea, destacando que la muerte muchas veces también confronta al superviviente con lo que supone adaptarse al sentido de sí mismo.

TAREA 4: HALLAR UNA CONEXIÓN PERDURABLE CON EL FALLECIDO AL EMBARCARSE EN UNA NUEVA VIDA.

Se trata de continuar la vida, de un modo satisfactorio, sin que el dolor impida la vivencia de sentimientos positivos con respecto a los otros.

Al cumplir las tareas del duelo de William Worden, el duelo terminaría, pero esto no es sencillo y lleva tiempo, sobre todo en la tarea número cuatro, pues, el doliente nunca podrá eliminar a quien ha estado cerca de él, así como tampoco se puede borrar de la historia. Hacerlo implicaría actos psíquicos que herirían la propia identidad.

Con base en ello, la disponibilidad de un superviviente para empezar otras relaciones no va a depender de “renunciar” a la persona que ya no está, sino de encontrar un lugar apropiado para él en su vida psicológica, un lugar que es importante, pero que aun así deja espacio para otros. l asesor no debe ayudar a la persona en duelo a “renunciar”, sino a que encuentre un lugar adecuado en su vida emocional y que le permita continuar viviendo en el mundo.

Esta cuarta tarea muchas veces se entorpece porque se mantiene el apego del pasado, en lugar de continuar formando otros nuevos. De hecho, muchas personas encuentran que su pérdida es tan dolorosa que hacen un pacto consigo mismas para no volver a querer nunca más.

Es por ello que la tarea cuatro de las tareas del duelo de William Worden es una de las más difíciles de completar, dado que hay personas que se quedan bloqueadas en este punto, para más tarde darse cuenta de que su vida, en cierto modo, se ha detenido cuando se produjo la pérdida.

Sin embargo, esta tarea se puede cumplir y se da cuando, por ejemplo, una chica dice: “existen otras personas a las cuales puedo amar, y esto no significa que quiera menos a mi papá”.

Estos son los desafíos que la persona debe superar y es posible que cada uno lo haga de un modo diferente, dependiendo de los recursos de los cuales disponga, así como de la naturaleza de la pérdida.

El asesor no debe ayudar a la persona en duelo a “renunciar”, sino a que encuentre un lugar adecuado en su vida emocional y que le permita continuar viviendo en el mundo.

Esta cuarta tarea muchas veces se entorpece porque se mantiene el apego del pasado, en lugar de continuar formando otros nuevos.

De hecho, muchas personas encuentran que su pérdida es tan dolorosa que hacen un pacto consigo mismas para no volver a querer nunca más; por lo que la tarea cuatro de las tareas del duelo de William Worden es una de las más difíciles de completar, dado que hay personas que se quedan bloqueadas en este punto, para más tarde darse cuenta de que su vida, en cierto modo, se ha detenido cuando se produjo la pérdida.

Sin embargo, esta tarea se puede cumplir y se da cuando, por ejemplo, una chica dice: “existen otras personas a las cuales puedo amar, y esto no significa que quiera menos a mi papá”.

Estos son los desafíos que la persona debe superar y es posible que cada uno lo haga de un modo diferente, dependiendo de los recursos de los cuales disponga, así como de la naturaleza de la pérdida. 

En conclusión el proceso de integrar lo negativo para dar un sentido a una situación de sufrimiento es un trabajo muy personal y largo, conlleva una actitud activa, mucha fuerza de voluntad y tener en cuenta conscientemente que lo negativo hace parte de la vida, pero no es la vida. Algunos elementos nos sirven para trascender, pueden resultar como desafíos para encontrar nuevos caminos, recordándonos que el sentido de la vida es la dirección que queremos tomar hacia una existencia plena.

 Autor: Mariska Fazio

BIBLIOGRAFIA:

  1. Moguillansky R. (1996) “Los efectos y papel de lo negativo en la constitución de la realidad psíquica.
  2. Freud S. (1917) “Duelo y Melancolia”
  3. Worden J.W. (2013) “El tratamiento del duelo. Asesoramiento psicológico y terapia.